Venía rayada y había tenido el aplomo de aceptar el mal
humor y la desidia como aspectos de mi personalidad. Se me fue formando como
estalagmita una rama de durloc putrefacta atravesando mis emociones,
condicionándolas a encontrarse con espejos desorientados. No podría saber
cuándo me corrí 0,5 nanómetros de la línea, ni siquiera si es que existió dicha
sucesión de qué y cuáles puntos. Encontré revolviendo la pieza un cuadernito
del año del pedo, que capaz es de hace 4 años nomás…que me escribía a mi misma
acerca del juego de la universidad, de la carrera que estaba estudiando. No lo
tengo a mano para copiarlo, capaz otro día lo hago. Básicamente me inyectó un
suero de hipogrifos color luna que me recorren el cuerpo de una manera
insoportable desde que terminé de leerlo, se podría decir que fue el recuerdo
necesario, el encuentro serendipia anhelado, el fin de la Oca o el endemientras
de las decisiones. Con el paso de los días me he ido deslizando por la curva
suave y vanidosa del paréntesis que cierra el contenido de un mundo que veo
como otra infancia pasada. Suelo entender las cosas en clave de juego. Y si me
mirasen las deidades que respeto a los ojos y me dijeran: hacé lo que se te
cante el culo; sentiría la bendición del desnudo de la culpa y el frenesí de
escribir, de crear, de moverme y recorrer la patria mía que (gracias amigo
querido) es el universo. Bueno, demos por hecho que eso me pasó y que ahora
ando viajando.
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