sábado, 5 de noviembre de 2016

Ya no quiero jugar a eso



Venía rayada y había tenido el aplomo de aceptar el mal humor y la desidia como aspectos de mi personalidad. Se me fue formando como estalagmita una rama de durloc putrefacta atravesando mis emociones, condicionándolas a encontrarse con espejos desorientados. No podría saber cuándo me corrí 0,5 nanómetros de la línea, ni siquiera si es que existió dicha sucesión de qué y cuáles puntos. Encontré revolviendo la pieza un cuadernito del año del pedo, que capaz es de hace 4 años nomás…que me escribía a mi misma acerca del juego de la universidad, de la carrera que estaba estudiando. No lo tengo a mano para copiarlo, capaz otro día lo hago. Básicamente me inyectó un suero de hipogrifos color luna que me recorren el cuerpo de una manera insoportable desde que terminé de leerlo, se podría decir que fue el recuerdo necesario, el encuentro serendipia anhelado, el fin de la Oca o el endemientras de las decisiones. Con el paso de los días me he ido deslizando por la curva suave y vanidosa del paréntesis que cierra el contenido de un mundo que veo como otra infancia pasada. Suelo entender las cosas en clave de juego. Y si me mirasen las deidades que respeto a los ojos y me dijeran: hacé lo que se te cante el culo; sentiría la bendición del desnudo de la culpa y el frenesí de escribir, de crear, de moverme y recorrer la patria mía que (gracias amigo querido) es el universo. Bueno, demos por hecho que eso me pasó y que ahora ando viajando.


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